MORENA 2027: las señales de Acapulco.
Roberto Camps
La reunión celebrada el pasado viernes en Acapulco entre la dirigencia nacional de MORENA y los principales actores políticos de Guerrero dejó mucho más que una fotografía de unidad. En realidad, fue un encuentro para definir el marco político bajo el cual se desarrollará la competencia interna rumbo a las elecciones de 2027.
Encabezada por Ariadna Montiel Reyes, una de las figuras más cercanas a la presidenta Claudia Sheinbaum y pieza fundamental en la estructura política del movimiento, la reunión contó también con la presencia de Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas de MORENA, responsable de coordinar los procesos internos y la construcción de acuerdos políticos para los comicios venideros.
El mensaje fue claro: las reglas ya están definidas y la selección de candidaturas se apegará estrictamente a los lineamientos aprobados por MORENA en su reciente Consejo Nacional.
Las imágenes difundidas posteriormente en redes sociales ofrecen múltiples lecturas. Como ocurre en política, las fotografías suelen revelar más de lo que se dice en los discursos. Ahí quedaron registradas cercanías, distancias, afinidades, alianzas en construcción y también algunas soledades. Los acomodos que hoy se observan son apenas una muestra de las dinámicas que comenzarán a intensificarse conforme se acerque la definición de candidaturas.
Sin embargo, uno de los anuncios más relevantes del encuentro pasó relativamente desapercibido para buena parte de la opinión pública: la confirmación de que el director general del Fonatur, Sebastián Ramírez Mendoza, será el delegado político de MORENA en Guerrero.
No es un dato menor. Ramírez es considerado uno de los hombres de mayor confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum y forma parte del grupo político más cercano a la titular del Ejecutivo federal. Su incorporación a las tareas partidistas en Guerrero envía una señal inequívoca: la conducción del proceso interno será observada y acompañada directamente desde el ámbito nacional.
La lectura es sencilla. MORENA busca evitar conflictos internos que puedan traducirse en fracturas electorales. La prioridad será construir candidaturas competitivas que garanticen triunfos y fortalezcan la continuidad del proyecto político encabezado por la presidenta.
En ese contexto, las encuestas volverán a desempeñar un papel central en la definición de candidaturas. No obstante, existe una diferencia importante respecto a procesos anteriores.
Todo indica que la medición ya no considerará únicamente variables como conocimiento, intención de voto u opinión positiva. Ahora también tendrá peso la percepción negativa de los aspirantes, la cual podrá restar puntos en la evaluación final.
Se trata de un cambio significativo porque modifica los incentivos de la competencia interna. En el pasado, la notoriedad pública podía compensar altos niveles de rechazo. Bajo las nuevas reglas, los negativos podrían convertirse en un factor determinante para excluir perfiles con elevados niveles de confrontación o desgaste.
Aunque abundan las especulaciones sobre quiénes participarán en la medición definitiva, la ruta más probable apunta a una selección de seis perfiles: dos mujeres y dos hombres de MORENA, una propuesta del Partido del Trabajo y otra del Partido Verde Ecologista de México.
A partir de esa base se realizarían las evaluaciones correspondientes para definir quién cuenta con las mejores condiciones para competir y ganar.
Por ello, más allá de los rumores cotidianos, conviene observar las señales institucionales. Los lineamientos ya fueron aprobados por MORENA y Ariadna Montiel los ha ratificado públicamente en distintas ocasiones. Lo lógico es esperar una convocatoria plenamente alineada con esos criterios.
Pero quizá el aspecto más importante del proceso es que la elección de 2027 no se limita a la disputa por gubernaturas, alcaldías o congresos locales.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, la próxima elección intermedia será estratégica porque estará en juego la correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados federal. Mantener una mayoría sólida será fundamental para consolidar la segunda mitad de su administración, impulsar reformas y garantizar gobernabilidad política.
Desde esa perspectiva, la selección de candidaturas dejará de ser únicamente un asunto local para convertirse en una decisión de carácter nacional.
Por eso la reunión de Acapulco debe entenderse como algo más que un encuentro de organización partidista. Fue una reunión para dejar claro que las reglas existen, que los criterios ya están definidos y que la prioridad será la unidad interna alrededor de perfiles capaces de ganar elecciones.
Las señales fueron enviadas. Los mensajes quedaron sobre la mesa. Ahora comienza la etapa en la que cada aspirante deberá demostrar no sólo que puede movilizar simpatías, sino también que puede sumar, generar confianza y contribuir a la continuidad del proyecto político de la Cuarta Transformación.
Porque si algo debe ser claro es que, para MORENA, el objetivo no es únicamente elegir candidatos. El objetivo es ganar 2027.











